lunes 9 de noviembre de 2009

El muro de Berlín: conmemoraciones y uso público de la historia

Desde hace unas semanas se viene preparando la celebración del 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín, efemérides que se cumple hoy, 9 de noviembre. Nunca se han dejado de conmemorar los acontecimientos más destacados, pero últimamente el mundo está sufriendo de una auténtica fiebre conmemorativa; los gobiernos se han contagiado de la cepa más virulenta de la gripe: los usos públicos de la historia.

Ninguna conmemoración o reivindicación del pasado es inocente, y menos cuando la política está detrás. Siempre que se reclama parte de nuestra historia no es para revivir o divulgar el pasado, sino para glorificar y exaltar el presente. En este tipo de eventos el pasado se presenta simplificado, aproblemático, vaciado de toda complejidad y cargado de toda una serie de interpretaciones e ideas simbólicas elaboradas a posteriori, lanzadas desde el presente que quiere legitimarse. Todos estos ingredientes se están dejando ver estas semanas con el tema del muro de Berlín.

John F. Kennedy y Konrad Adenauer ante el Muro de Berlín, junio de 1963 (Fotografía de Robert Knudsen, fotógrafo de la Casa Blanca)

Para los europeos resulta muy molesto tener en nuestro pasado reciente una imagen tan vergonzosa como el muro que separaba físicamente Berlín en dos y, a nivel simbólico, Europa y el mundo. Cuando Winston Churchill pronunció aquella famosa conferencia en la Universidad de Fulton en 1946, donde habló del telón de acero (Iron Curtain), seguramente nunca llegó a imaginar que su concepto simbólico de la frontera que se había creado en Europa tras la segunda guerra mundial llegaría a materializarse. Muchos europeos no son conscientes de hasta qué punto todo esto es reciente, y tal vez por ello se esfuerzan en dejarlo atrás cuanto antes. La historia del muro debe quedar enterrada en el pasado y debemos convencernos de que es pasado muy pasado. Nada hay mejor para demostrar que algo forma ya parte del pasado que conmemorarlo. Aquello que ha de traerse de nuevo al presente, aquello de lo que hay que hacer memoria, es porque ya no está presente. Sin embargo, las huellas de toda aquella historia siguen muy presentes y la tan magnificada unificación alemana de 1990 no parecer tan maravillosa ni tan perfecta para varios millones de alemanes orientales, que todavía hoy se consideran ciudadanos de segunda.

La victoriosa y eufórica Europa occiedental ha tendido a echar mano del uso público de la historia para dejar muy claro que el comunismo y el bloque del Este fueron derrotados, o que incluso se rindieron. Partir de estas premisas tan prepotentes y pretenciosas supone el fracaso de cualquier acercamiento serio y riguroso de la guerra fría y de su final; supone la negación de cualquier complejidad y diversidad en la historia y acaba simplificando todo mediante la colocación de las etiquetas "buenos" y "malos", "vencedores" y "vencidos". No se trata de defender, por ejemplo, el régimen de la RDA (desde todos los puntos de vista indefendible) ni el de ningún otro país de Europa del este, pero sí de defender a los millones de europeos orientales que hoy se ven obligados a tragarse la historia fabricada por la victoriosa Europa occidental. Estas personas han sido víctimas por partida doble: primero, bajo los sistemas autoritarios del bloque oriental y segundo, por la dramática y costosa integración en la Europa democrática que les obliga a sentirse culpables y a tragarse su propia identidad.

El júbilo desatado por conmemorar la reunificación alemana no solo ha querido ensalzar los valores de unidad, libertad y democracia en Alemania y en todo el continente; en el fondo ha reavivado la visión unilateral y triunfalista del bloque occidental, que se siente más exultante y más legitimado que nunca. Si de verdad hemos de convivir todos los europeos y compartir un mismo espacio de libertad, debemos empezar por conocer la realidad cultural y la historia de millones de europeos del este de los que, en realidad, no conocemos nada salvo los estereotipos que hemos construido en torno a ellos. La democracia también hay que apicarla a la memoria.

Entrevista a Egon Krenz, último jefe de Estado de la RDA.
Reunificación alemana: integración a cámara lenta.
El triunfo de la libertad (introducción de las memorias de Helmut Kohl).

P.J.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Adiós a dos grandes centenarios de las letras

Esta semana el mundo de las letras ha perdido a dos de los mejores representantes de la cultura y las ciencias sociales del siglo XX; ambos habían alcanzado la centena, fusionándose de esta manera simbólica con el siglo que los vio nacer y que contempló el desarrollo de su obra y su actividad intelectual. El escritor español Francisco Ayala y el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss se han despedido dejando una huella imborrable en sus respectivas áreas.

Claude Lévi-Strauss está presente en el repertorio de cualquier persona que se haya adentrado en las ciencias sociales. Su obra aparece constantemente como referencia privilegiada para entender aspectos teóricos de la sociología y la antropología. Se considera el mayor exponente de la antropología estructural y su contribución al avance teórico y epistemológico de dicha disciplina consiguió dejar atrás los viejos prejuicios etnocentristas que habían caracterizado a la antropología durante mucho tiempo. Entre su extensa obra destaca la trilogía formada por Tristes trópicos (1955, diario de su estancia de estudio en Brasil en los años treinta), Antropología estructural (1958, su trabajo central sobre teoría antropológica) y El pensamiento salvaje (1962).

Francisco Ayala, granadino y último representante vivo de la generación del 27, también nos ha dejado esta semana. No solo debe destacarse su calidad literaria sino también su gran talla humana y cívica. Precisamente hace unas semanas se celebró en Huesca el congreso "Vencedores y vencidos: exilio y dictadura, setenta años después" donde el profesor Jordi Gracia habló ampliamente sobre la literatura del exilio destacando la figura de Ayala, pero también en el que Almudena Grandes contó una anécdota del escritor granadino que merece la pena ser rescatada. Ayala se encontraba durante el verano de 1936 impartiendo conferencias en Argentina. Al enterarse de la noticia del golpe de estado, decidió volver inmediatamente a España para ponerse al servicio del gobierno republicano. El barco en el que montó junto a su familia hizo la promesa de no detenerse en ningún puerto controlado por los rebeldes, pero la mala fortuna hizo que tuvieran que responder a un control de los sublevados. Según contaba Almudena Grandes, Ayala fue consciente de la situación y sostuvo una pistola cargada durante toda la inspección del barco, decidido a quitarse la vida antes que caer preso. Por suerte, el capitán del barco consiguió disuadir a los militares y el barco puso continuar su trayecto.

Desde muy joven dejó clara la capacidad imaginativa y narrativa con que contaba, mostrada en obras como Historia de un amanecer (1926). Ya en el exilio comenzó una nueva etapa creativa más personal, crítica y apasionada como se mostró en El hechizado (1944) y obras posteriores como El jardín de las delicias (1971). Ha sido una figura destacada del mundo de los relatos como muestran sus numerosas publicaciones de ese género. Pero también cultivó el ensayo, donde mostró su compromiso ético con la sociedad, la democracia, la libertad y la crítica contra los excesos y los resaltes oscuros del poder. Fue galardonado con los principales reconocimientos de las letras españolas como el Premio Cervantes y el Príncipe de Asturias. En 2006, con ocasión de su centenario, el Gobierno de España le realizó un emotivo homenaje.

Debemos vivir esperanzados y desear que el siglo XXI pueda conocer figuras de la talla de Ayala y Lévi-Strauss. El progreso en todos los ámbitos y la creatividad humana debe tratar de seguir el ejemplo de quienes han destacado para seguir adelante y ser cada día más libres, más críticos y más comprometidos.

P.J.

martes 13 de octubre de 2009

Obama, Nobel de la Paz 2009: algunos comentarios

Esta semana pasada se han dado a conocer los premios Nobel de este año y como suele ser habitual los que más presencia tienen en los medios son el de Literatura y el siempre controvertido premio Nobel de la Paz. Esta edición no ha sido distinta y, una vez más, tenemos polémica sobre el laureado en esta categoría: el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Políticos norteamericanos como el ex-presidente Carter, el ex-secretario de Estado Kissinger o el ex-vicepresidente Al Gore han recibido este premio (este último, en 2007, tuvo también bastante polémica) pero nunca un presidente en activo había logrado tan reconocido galardón. El Nobel de la Paz lleva, casi desde su nacimiento, el estigma de ser un premio tan políticamente correcto como inútil. Salvo casos excepcionales solo ha servido para "premiar" intentos o buenas intenciones; nunca resultados, nunca verdaderas obras de paz.

El presidente Obama ha sabido despertar como nadie el entusiasmo entre mucha gente. Pocas veces un líder político tiene tanta influencia sobre sus ciudadanos como sobre el resto de líderes mundiales, capaz de movilizar e ilusionar a las masas. Sin embargo, ahí queda todo su mérito. Solo lleva 9 meses en el poder y hasta ahora lo único que ha hecho es dar discursos; elegantes, directos y cargados de mensaje, pero como casi todo discurso político, vacío e inoperante en la plano práctico.

Irán sigue con su actitud desafiante, Corea del Norte todavía está empeñada en ocupar el puesto de superpotencia nuclear que dejó la URSS hace ya dos décadas, cualquier "hoja de ruta" en Oriente Medio sigue siendo la cuadratura del círculo con escuadra y cartabón, África sigue aislada, empobrecida y marginada, el sistema financiero sigue sin control... de poco sirve seguir con esta lista de problemas internacionales porque es interminable. Obama no ha hecho nada relevante para solucionar ninguno de ellos; tampoco pretendo criticar este punto, pues ya he recordado que tan solo lleva 9 meses en el cargo y bastantes problemas tiene dentro de sus fronteras. Pero está claro que este premio no lo merece.

Quizá de aquí a unos años sea merecedor de este poco valorado reconocimiento, pero no se puede premiar a alguien a este nivel solamente por sus buenas intenciones; si eso fuera así, muchos otros líderes deberían estar allí en Diciembre para recoger el premio, como por ejemplo Javier Solana, cuya extenda carrera y acciones diplomáticas le hacen mejor candidato que Obama. Creo que el presidente de EE.UU. ya ha tenido suficiente reconocimiento internacional y seguimiento; lo del Nobel ha sido excesivo e inapropiado y creo que es un mal precedente. Aunque bueno, Kissinger fue peor precedente que ninguno y el premio se sigue entregando.

P. J.

lunes 5 de octubre de 2009

Premios Nobel 2009

Hoy se ha dado a conocer el premio Nobel en medicina / fisiología, anunciado por el Instituto Karolinska, el primero que se da a conocer este año. Los laureados han sido Elizabeth Blackburn (australiana, investigadora en la Universidad de California - San Francisco), Carol Greider (Universidad Johns Hopkins de Baltimore) y Jack Szostak (británico, perteneciente a Harvard y al Howard Hughes Medical Institute). Los tres han sido reconocidos "por el descubrimiento de cómo los cromosomas se encuentran protegidos por telómeros y por la enzima telomerasa".

En las próximas semanas actualizaremos esta entrada con los nuevos anuncios en el resto de categorías. Más información en la página web de la fundación Nobel.

P.J.

domingo 7 de junio de 2009

Normandía, 65 años después

Ayer se cumplieron 65 años del desembarco aliado en las costas de Normandía, verdadero principio del fin de la guerra, y los homenajes no pudieron faltar. Al margen de la efemérides que casi todos los medios han recordado, esta vez los actos han tenido tal vez un simbolismo mayor. El presidente Obama ha querido mostrar una nueva etapa del liderazgo (perdido) de Estados Unidos en el mundo, o más bien del mundo occidental. Este desembarco de Obama en Europa se produce tras medio su gira por Oriente Medio, donde se ha producido otro de sus famosos discursos, en este caso dirigido hacia el mundo musulmán. Hoy parece más necesario que nunca que las fuerzas democráticas se reorienten hacia una verdadera política mundial de la paz y el desarrollo, y dejen de lado en ensimismamiento y paternalismo que les ha caracterizado estos 65 años.

A nivel de la memoria también tiene mucho significado este homenaje. Obama depositó flores ante las casi 10.000 tumbas de soldados americanos caídos en el frente francés y respaldado por los veteranos supervivientes de aquella guerra así como representantes de las potencias aliadas. Su propio abuelo, como recordó, fue testigo de la liberación de uno de los muchos e infames campos de concentración que proliferaron por toda Europa en aquellos años. En España también hubo campos de concentración; y también hubo quienes lucharon y se dejaron la vida por la democracia, pero aquí estos homenajes no existen. Cierto que resulta muy anacrónico y poco riguroso decir que milicianos anarquistas o las columnas comunistas luchaban por lo que hoy entendemos por democracia; ellos luchaban por su particular revolución. Pero es que hubo muchos otros que sí lucharon por la democracia, que estuvieron firmes del lado de la legalidad constitucional y cuyas vidas se perdieron. Perdieron la guerra militar y política, pero también perdieron la guerra de la memoria.

A diferencia de Francia, Alemania, Reino Unido o Estados Unidos, en España sería impensable a día de hoy que estas personas recibieran un homenaje semejante. El maquis, elevado a los altares de la resistencia en Francia, permanece en nuestro país casi como un personaje legendario, aventurero e incluso delincuente. Por supuesto que en España no hay cementerios como los de Normandía, porque aquí muchos de esos muertos siguen en fosas comunes o registrados en los cementerios con la cínica y criminal etiqueta de "muertos por herida de bala" o "por hemorragia interna". Quienes tuvieron la suerte de tener un juicio y no ser simplemente asesinados en las tapias, acabaron condenados por "rebelión militar", precisamente cuando habían luchado contra la auténtica rebelión militar. La memoria y los homenajes en el resto de Europa, claramente antiautoritarios y comprometidos con la democracia, aquí parecen todavía una ilusión.

Obama reivindica en Normandía los valores de la democracia (El País)
"No podemos olvidar lo que estos hombres hicieron" (El Mundo)
Obama en France pour la commémoration du Débarquement (Le Monde)

P.J.

domingo 25 de noviembre de 2007

El Papiro de Turín: erotismo en el Antiguo Egipto


Sin duda todos conocemos como romanos y griegos entendían y vivian el erotismo, sus practicas rituales y sus sonadas orgías; bien me propongo para mi primera entrada en el blog comentar brevemente uno de los papiros egipcios menos conocidos.

Son muy escasas las referencias hacia el erotismo egipcio, aunque autores como Herodoto o Estrabon en sus viajes hicieron comentarios sobre las costumbres egipcias, aunque lo cierto es que de manera muy superficial.

La sexualidad egipcia se concebía como algo ritual, una manera de entrar en contacto con el mundo de los dioses, y en ella el hombre era el factor mas importante. Ello se deriva del mito de la creación, en el cual el creador primigenio es un hombre y el resto del mundo surge por su masturbación. Respecto a los rituales de carácter erótico, los griegos se mostraban muy sensibles ante el rito en honor a Osiris que consistía en mostrar las partes genitales e incluso copular con un toro considerado como la encarnación del mismo dios; incluso Cleopatra participo en este rito, y cuentan que en Roma se le pregunto porque prefería toros en vez de hombres romanos, ella respondió: “Las mujeres romanas copulan con caballos. Las griegas lo hacen con asnos. Yo soy egipcia, y por lo tanto, me gustan los toros”.
Todo ello estaba relacionado con ritos de fertilidad, para asegurar a su vez la fertilidad de las tierras del valle del Nilo.
En el Imperio Nuevo se pinto el Papiro de Turín, que se conserva en el museo Egipcio de Turín y se necesitan permisos especiales para verlo. El papiro narra una orgía, en unas doce escenas (el doce es un número simbólico dentro del misticismo egipcio), y salvando las distancias seria como el Kama Sutra de los indios. Son frecuentes en todo el papiro las flores de loto, como el símbolo máximo de erotismo.
Fue descubierto en Deir El-Medina, una población en la que vivían obreros y canteros que trabajaban en el Valle de los Reyes; también se encontraron numerosos "ostraca" (trozos de piedra o cerámica con dibujos eróticos)

Actualmente al retomarse la investigación de este poblado se ha llegado a la conclusión de que existía una cantera de artistas ocupados en realizar todo tipo de representaciones eróticas que seguramente tenían una gran demanda entre las gentes, pues el propio Papiro de Turín no tiene ningún tipo de marcas de un esbozo previo, lo que demuestra que debian existir numerosos papiros de este tipo y que no era el primero que hacia el artista.

Tenemos también numerosas referencias de Herodoto en su “Historia” sobre las costumbres egipcias, ritos muy similares a la adoración de Dionisos o Baco que tanto han dado que hablar a lo largo de la historia y que son muy conocidos.

A pesar de todo ello los egipcios eran muy escrupulosos en lo concerniente a la representación de escenas de temas sexuales, quiza por ello sean desconocidos y los egipcios mantengan una imagen en la historia menos “libertina” que los romanos.
Espero que os guste, a mi en su momento me parecio curioso pues es un documento que apenas se menciona, quizás por su menor relevancia en el estudio de la historia egipcia.

sábado 24 de noviembre de 2007

Vivir en la posmodernidad

El historiador y profesor Julián Casanova suele usar un concepto muy interesante en algunos de sus trabajos, la aceleración de la Historia. La incluye como explicación de fondo de alguna época de vital importancia y convulsa realidad (la II República y Guerra Civil, la Transición). He querido aprovechar este concepto, el de aceleración, para contraponerlo con la realidad actual, estática y desordenada, un mundo posmoderno donde lo único que tiene verdadero valor es lo actual.

Y es que una de las obsesiones del historiador es el tiempo, y la posmodernidad trata de detenerlo. Hoy parece que no transcurre, que todo sudece en un caótico presente que, pese a transformarse, lo hace estáticamente. Una de las luchas más encarnizadas de las últimas décadas en el mundo de la historiografía es combatir esta concepción posmoderna de la Historia, la que anuncia que ésta ya ha terminado y que ahora solo importa el presente. Aunque pueda parecer un ejemplo poco acertado el que voy a poner a continuación, cuanto menos es testimonial de lo que quiero decir: desde mediados de los noventa, se ha producido un aumento espectacular de la llamada televisión basura, prensa amarilla, etc. Un tratamiento de la información donde la noticia es importante porque es actual. ¿Qué otro sentido tienen las noticias del corazón? Su único valor (si es que tienen alguno) es que son de rabiosa actualidad. Una vez pasan, se olvidan y otras nuevas ocupan su lugar. Seguro que nos hemos preguntado muchas veces por qué algunos personajillos de este patético mundo rosa hacen algunas cosas sorprendentes o incluso humillantes. La respuesta es clara: para seguir de actualidad.

La destructora fuerza de la posmodernidad ha llegado demasiado lejos. Ha resultado ser un medio eficaz para hacer avanzar la cultura del consumo, de la despreocupación y del rechazo a todo conocimiento que no se muestre práctico y útil para el beneficio inmediato. Tal vez algo pesimista para inaugurar la revista, lo sé; esta reflexión sobre nuestro tiempo es cada vez más necesaria. Esperemos que os guste este proyecto. Un saludo.

Sibelius