miércoles 28 de abril de 2010

El sueño milenario del Gobierno de Aragón

Vaya por delante que quien escribe estas líneas es aragonés. En realidad, resultaría innecesario este dato porque ciertas críticas como la que voy a realizar en esta entrada se deben valorar por las ideas que contiene y por sus argumentos. Pero todos sabemos lo mal que se le da a algunas personas razonar y ponderar las cosas, sobre todo cuando se tocan temas tan sensibles como las identidades, y concretamente la identidad "nacional". Estoy seguro de que si esto lo escribe alguien ajeno a Aragón, las críticas vendrían precisamente por ese lado, por su condición de no-aragonés, dejando de lado la validez de sus argumentos o la utilidad de sus ideas, presentándolo como un ataque a nuestra comunidad hecho por un foráneo. No obstante, tampoco servirá de mucho que yo pertenezca a la tierra de la que voy a hablar, puesto que si algún exaltado nacio-regionalista o simplemente ignorante decide atacar, lo hará. No sería la primera vez que alguien me dice que soy poco aragonés, o menos aragonés por no compartir ciertos delirios. Lo mismo ocurre con ese trozo de tierra mayor que Aragón, España; cuántas veces habremos tenido que oír que somos menos españoles solo por defender otras ideas. En fin, de energúmenos está el mundo plagado.

Éste era el cartel con el que el Gobierno de Aragón anunció la celebración de San Jorge 2010, día de la Comunidad Autónoma (festividad compartida con Castilla-León, aunque allí no se celebra San Jorge como tal sino el levantamiento de los Comuneros). A simple vista, un cartel llamativo bastante bien diseñado que inundó las calles aragonesas en las semanas previas al 23 de abril. Pero como tantas otras campañas institucionales, encerraba una perversa utilización tanto del pasado como de los símbolos de la identidad aragonesa. El cartel habría sido perfecto sin la frase del final, aunque entonces hubiese perdido toda la utilidad política de la que pretendía dotarse: Mil años de historia en comunidad. Semejante delirio, sin embargo, parece haber pasado desapercibido, o aceptado pasivamente por todo el mundo sin mayor crítica.

En Aragón, la gente parece estar a la que salta en cuanto los políticos catalanes nos regalan alguna de sus patochadas y sueños nacionalistas, cosa que no deja de estar bien porque siempre hay que estar alerta ante el nacionalismo; pero hay que estarlo ante cualquier tipo de nacionalismo. Pareció ofendernos mucho a los aragoneses (como así lo hizo y con razón) que en algunos atlas catalanes utilizados en primaria apareciese en pico Aneto como el monte más alto de los Països Catalans, o que el Ebro/Ebre se definiera como "un río catalán nacido en tierras extrañas". Constantemente tenemos que oír cómo se repite el término Confederación Catalano-Aragonesa para referirse a la entidad política cuyo nombre auténtico fue siempre Corona de Aragón, junto a muchas más perversiones de la historia medieval y moderna. Hubo otra de estas geniales invenciones que también enfureció al personal y que, irónicamente, es la que se ha repetido de forma calcada en el cartel de San Jorge 2010 sin haber enfurecido a nadie en Aragón; estoy hablando de cuando en Cataluña se habló de la Generalitat milenaria y los intentos de conmemorar los diez siglos de la institución política catalana.

Aquello, más que indignación, provocó la risa en tanto enésima muestra de delirio nacionalista. Hoy, nos encontramos al Gobierno de Aragón y toda su cohorte mediática e institucional reproduciendo el mismo delirio, sin que las mismas gentes de bien que bramaron contra Cataluña lo hagan ahora contra sí mismos. Para mí supone exactamente el mismo tipo de discurso nacionalista, la misma infame utilización política del pasado y el mismo tipo de apropiación por parte de las instituciones políticas y los partidos de los símbolos de identidad culturales de un territorio y una sociedad. Remontémonos mil años como sugiere el cartel y encontraremos lo siguiente: lo único que podía llamarse Aragón era un condado (ni siquiera se había convertido aún en reino), bastante dependiente del Reino de Pamplona (todavía no era Navarra), cuyo territorio apenas abarcaba la Jacetania y, tímidamente, zonas muy reducidas de la Hoya de Huesca. Ninguna de las actuales capitales de provincia formaban parte de la entidad política que se reclama como milenaria. Es decir, trasladando los datos de la actualidad, en torno al 90% de la población aragonesa vivía fuera de los límites de esa "comunidad", que sin embargo se nos presenta como una convivencia de mil años. Huesca tardaría aún casi un siglo en ser conquistada por el Reino de Aragón, Zaragoza unas décadas más; Teruel no formaría parte del reino hasta siglo y medio después. ¿Dónde estaba Aragón hace mil años? Difícil respuesta, aunque me aventuro a decir que, simplemente, no existía, al menos tal y como lo entendemos hoy; como tampoco existían Cataluña, Navarra, España... Resultaría más productivo y beneficioso si los políticos se preguntasen dónde está Aragón hoy, y dónde quieren que esté mañana, y dejasen el estudio del pasado a quienes están preparados para ello.

No seamos tan cínicos de buscar ejemplos en Cataluña o en el País Vasco de usos políticos del pasado, los tenemos aquí mismo. Creo que ya está bien de criticar el nacionalismo de los vecinos cuando aquí se reproducen los mismos esquemas. Sin embargo, va a ser un mal momento para pedirlo porque, entre otras cosas, a nivel de España ya estamos viviendo varios años de conmemorar la Guerra de Independencia, uno de los lugares comunes del nacionalismo español. Dentro de poco, los países latinoamericanos tendrán su propio momento de efervescencia nacionalista con el bicentenario de las independencias (estaremos atentos a lo que nos pueda regalar Chávez) y suma y sigue. Mientras tanto, el Ebro guarda silencio.

1 comentarios:

Fran dijo...

Un albaceteño no puede estar más de acuerdo contigo. Amén.